domingo, 30 de mayo de 2021

Juan Bautista Bustos

 Por el Prof. Jbismarck

Sobre las últimas semanas de 1828, el Ejército a cuya formación había contribuido el pueblo de todas las provincias para la guerra con un Imperio esclavista, manejado por la oficialidad adicta a los cenáculos sombríos del unitarismo, derroca al gobernador legal de Buenos Aires y le fusila, por orden de Juan Lavalle a instigación de Juan Cruz Varela y Salvador M. del Carril. Los agobiados cuadros de ese Ejército triunfador en Ituzaingó, y derrotado por las intrigas y las presiones internacionales, son fácil pasto de los designios revanchistas de aquella que José Luis Busaniche llama “la camarilla pelucona”.  Bustos, que es probablemente el más odiado por los unitarios, parece conocer la extracción histórica de los golpistas de diciembre y así les denuncia desde Córdoba:   ‘‘Compatriotas: La libertad, ese don precioso de que hemos sido dotados los americanos y que tanta sangre ha costado, se halla amenazada por una facción que ha creído es a quien exclusivamente le corresponde mandar o vendernos... Si cuando en octubre de 1811, botó por tierra esta misma facción al gobierno que en medio del placer y del entusiasmo habíais formado en 1810, Un castigo ejemplar les hubiera enseñado a estos malvados que no se podían hollar los sagrados derechos de los pueblos, no hollaran hoy la América con tantas desgracias. Aquel es el manantial fecundo de tantos males! nuestra inconstitución en 18 años de oscilaciones trae aquel origen".

Separándose de Lavalle, José María Paz marcha al frente de su división fogueada en la Banda Oriental, para concretar su vieja aspiración de apoderarse de su provincia natal. Militarmente hablando, la superioridad de Paz sobre Bustos es indiscutible. Hay en las fuerzas que defienden la provincia una mezcla de desentrenamiento y apatía que favorece el rápido avance de los golpistas. Pero en cambio la población civil en general, a lo largo de la campaña que Paz atraviesa, muestra una firme lealtad hacia Bustos. Nadie se acerca a Paz, nadie lo recibe o se le incorpora. Un helado ambiente acompaña sus movimientos. Y sólo a fuerza de dinero desparramado en profusión logra algunos informes. Bien claro lo dice en sus Memorias: “Los semblantes todos de los pocos habitantes que encontrábamos, nos manifestaban bien a las claras que no acogían bien nuestra llegada, y su taciturnidad parecía el presagio de una sublevación en masa, a que se dirigían todos los conatos del gobierno”.

Resistencia en los sectores populares y adhesión callada en las clases altas. Tal el cuadro social que recibe a las tropas de Paz. El plan político del “manco de Venta y Media” viene cargado de segundas intenciones. Al pasar por la frontera santafesina ha comunicado a López ofertas y garantías de paz, violando las directivas del comando unitario de Buenos Aires. Luego, en las tratativas con Bustos, hace Paz uso de toda su astucia. El caudillo cordobés, que se ha retirado de la capital hacia San Roque, recibe a emisarios de aquél para convenir las bases de acuerdo y reconocimiento de la autoridad del jefe invasor, que se ha apoderado de la capital cordobesa. Cuando llegan personalmente ambos adversarios a concretar esas bases de acuerdo, Paz ataca sorpresivamente a Bustos, sospechando que éste trata de ganar tiempo para recibir refuerzos de otras provincias. En los alrededores de la hacienda de “San Roque” las tropas de Bustos son derrotadas casi sin pelear, evidenciando una carencia casi total de moral combativa y una deficiencia operativa en el comando. El ejército de Paz, rebelado contra la autoridad constituida, triunfa en un semi-combate sin importancia táctica pero de gran valor estratégico, pues entrega a la facción unitaria el manejo de la provincia llave para el dominio del interior. Así acaban los nueve años de gobierno de Bustos. Ha concluido el ciclo “bustista”. Llega entonces la hora de apelar al aliado ya transformado en socio mayor, y con ese objetivo el caudillo derrotado toma el camino de La Rioja, en busca del apoyo de Facundo. Así hasta La Tablada.  En los dos días de encarnizado combate, donde poco cuartel hubo, Bustos pese a su edad (50 años), grado y rango, pelea al frente de sus milicias cordobesas y sale del combate con tres heridas (en los brazos, en las piernas y en la cabeza), debiendo escapar solo —¡general sin un soldado!— para salvar la vida.  Galopa hacia el oeste, bordeando el río durante la noche. Estando cerca del “Molino de las Huérfanas”, le sorprende una patrulla enemiga que viene batiendo esos lugares. En ese paraje la barranca del rio se alza a bastante altura, cortándose verticalmente sin ofrecer ningún paso de descenso. narra Ramón J. Cárcano:

“La partida rodeó inmediatamente al jefe desconocido que encontraba a su paso; el oficial que la mandaba le intimó rendición, y todos tomaron una actitud «preventiva». “Pretendió defenderse, pero su brazo no pudo levantar el arma ofensiva, y entonces en ese terrible momento, estando cubierta su fuga en la llanura, por una desesperada inspiración de valor impotente, dio vuelta a su caballo, le cubrió la cabeza con el poncho, clavóle las espuelas en los ijares y el noble animal se lanza a la carrera, y desaparece al borde de la barranca profunda.  La débil resistencia que opuso la poca profundidad del agua, fracturó horriblemente el caballo al chocar en el lecho del río, y sobre la cabeza de la montura, el general Bustos recibió un fuerte golpe en el pecho impulsado por la velocidad adquirida en la caída.  Haciendo extraordinarios esfuerzos salió a la ribera, caminó trabajosamente para llegar a la quinta que hasta ahora lleva su hombre, hízose en ella la primera cura, y huyó después al Litoral”.

Semanas después de La Tablada, entra Bustos en la ciudad de Santa Fe arrastrado en una carretilla. Allí le recibe con su amistosa lealtad Estanislao López, prodigándole alojamiento y cuidados médicos. Las contusiones del pecho se complican produciendo una grave afección, que agrega su angustia al ya amargo trance de la derrota. Ya está en su agonía política. Desde julio de 1830 intenta, pese a todo, iniciar operaciones contra Paz, aprovechando que toda la campaña se halla insurreccionada a su favor. En esos planes tiene la ayuda de López, ya desengañado de toda perspectiva de acuerdo con Paz, a quien ha descubierto en su doble juego de ofrecer alianzas mientras prepara el derrocamiento de los mismos gobiernos del Litoral con quienes coquetea.

La enfermedad de Bustos empeora, transformándose en mortal. Sólo la compañía de su esposa, doña Juliana, y de los amigos mitiga en algo los duros momentos. Fallece en la capital santafesina el 19 de setiembre.

Facundo, solidario por sobre diferencias y temperamentos, va a visitarle y no llega a tiempo de verle vivo.   Bustos es enterrado en el cementerio de Santo Domingo, en ceremonia mayor y cantada recibiendo antes de expirar todos los Sacramentos de manos de don José de Amenábar. Cuando años después sus descendientes trataron de trasladar sus restos a Córdoba, se encontraron con que un incendio había destruido la necrópolis y los archivos, haciendo imposible la ubicación. Así es cómo Bustos, el cordobés que no olvidó a San Martín, el federal provinciano, no tiene tumba. Hasta que en el 2009 se lograron hallar sus restos.  Con su muerte termina una etapa del federalismo y del país, a la que sigue otra en la que la figura de Juan Manuel de Rosas opera como eje central.


Los restos de Juan Bautista Bustos tienen su reposo final en la Catedral de Córdoba

El gobernador Juan Schiaretti, acompañado por el arzobispo Monseñor Carlos Ñañez, presidió esta tarde la ceremonia de traslado y reposo final de los restos del primer mandatario constitucional de la Provincia de Córdoba, brigadier general Juan Bautista Bustos.  El acto solemne se realizó en el nártex de la Iglesia Catedral de esta ciudad, que desde ahora recibe el mausoleo que contiene la urna con los restos de Bustos y que será la morada definitiva en la que descansará en paz. Cabe resaltar que desde el 2009 sus restos estaban depositados en la cripta de la misma basílica.  En su mensaje, Schiaretti se refirió al lúcido estadista y heroico militar nacido en Santa María de Punilla. Y lo hizo repasando algunos hitos de la participación de Bustos en los trascendentes roles que asumió para la historia de Córdoba y de Argentina.  Así, recordó que se trata del primer gobernador electo por el pueblo de Córdoba, creador de moneda y luchador de la causa independentista nacional. Mencionó también la participación de Bustos en la segunda invasión inglesa, cuando al frente de un cuerpo de sólo 30 hombres logró rendir al varias veces heroico Batallón 88 de Infantería británico.  “Coronel Mayor del Ejército del Alto Perú Juan Bautista Bustos, oficial de Belgrano, uno de los pocos que no le dieron la espalda a San Martín y su sueño libertador. Tengo el placer de ser quien te reciba y te dé la bienvenida para siempre”.   “Te pidieron que levantaras los sables de la Independencia contra tu propio pueblo y no te tembló la mano para retobarte. El motín de Arequito no te abrió las puertas de la gloria pero nos ilumina con tu ejemplo. Sólo los valientes se plantan. Sólo los nobles”, destacó Schiaretti.   Schiaretti expresó su orgullo al saber que su Gobierno fue quien rescató la figura de este hombre heroico y la destaca con lugares de honor en nuestra provincia. Ejemplo de ello es la conmemoración a la bandera de Córdoba, que coincide con la fecha del fallecimiento de Juan Bautista Bustos, cada 18 de septiembre.   “Vos nos diste nuestra primera Constitución, vos abriste el camino para que nuestra Universidad fuera nacional, libre y gratuita. Vos levantaste bien altas las banderas federales. Vos le dijiste a Rivadavia: ‘no somos caciques, somos amantes de la libertad, de nuestra patria y de nuestros pueblos’”.  “Cordobés Juan Bautista Bustos, amigo de Quiroga, enemigo de los centralismos. Llevo orgulloso tu bandera, me precio de ser mediterráneo y federal como vos. Hoy te vamos a rendir el homenaje que la historia te negó durante más de un siglo y medio. Desde hoy vas a descansar por toda la eternidad bajo el mismo techo que José María Paz. Los fuegos de aquella batalla de San Roque yacen en el fondo de un lago. Hoy es tiempo de encuentros y diálogos. Es tiempo de que toda nuestra historia se sepa, se enseñe, se celebre y se preserve para el futuro. Brigadier Juan Bautista Bustos, descanse en paz en nuestra Catedral, que expresa el alma de la ciudad de Córdoba; los cordobeses te queremos y llevaremos como siempre tu nombre hasta la victoria”, concluyó Schiaretti.

Por su parte, Monseñor Ñañez expresó que adhirió entusiasta la iniciativa del gobernador Schiaretti cuando le acercó la propuesta del reposo final de los restos del Brigadier Bustos en la Catedral. «Me pareció entonces un reconocimiento justo -expresó Ñañez-  y además un hecho emblemático: va a descansar cerca de los restos de aquel compañero de armas con el cual después se enfrentó, especialmente en San Roque y La Tablada. Descansan ahora juntos en esta iglesia, y es un hecho emblemático para todos los argentinos en el sentido que tenemos que superar las diferencias que hace enfrentarnos, para que desde la diversidad, colaborar todos juntos para la construcción de una Patria grande».  Participaron de la ceremonia, familiares descendientes del Brigadier; la directora de la Junta Provincial de Historia; autoridades de la Comisión de Nacional de Monumentos; autoridades provinciales y militares.

jueves, 20 de mayo de 2021

Cuando Juan Manuel Ortíz de Rozas se convirtió en "Rosas"

 Por el Prof. Jbismarck

Don León Ortíz de Rozas y doña Agustina imaginaron una suerte de división del trabajo entre sus hijos varones, bastante verosímil para las prácticas de la época en la cual la empresa era una empresa familiar: Prudencio debía ser militar, Gervasio iniciarse como tendero para llegar a ser comerciante y Juan Manuel, el primogénito, tendría que administrar el patrimonio rural. Sin embargo, es probable que ambos esposos no estuvieran totalmente de acuerdo, y al parecer la madre pensaba que era mejor que el joven Rosas se iniciara haciendo un aprendizaje en una tienda, un espacio de formación necesario para administrar más adelante los bienes de la familia.

 A Juan Manuel no parece haberle agradado ese plan y, como su madre lo castigó por desobediente, decidió escaparse de la casa e ir a vivir y conchabarse con sus primos Anchorena dejando un papel que decía: “Dejo todo lo que no es mío, Juan Manuel de Rosas”, cambiando la zeta por una ese" El joven Juan Manuel había tomado una decisión que tendía a individualizarlo, a diferenciarlo dentro de su linaje aunque sin renegar de su pertenencia. No parece haber sido un pasajero impulso juvenil pues, desde entonces, sería simplemente “Rosas”.   En marzo de 1813, a la edad de veinte años y siendo por tanto menor de edad, Juan Manuel se casó con María Encarnación Josefa Ezcurra Arguibel, también porteña y tan sólo dos años menor. Era, por tanto, un matrimonio infrecuente entre los matrimonios de las familias elitistas, en los cuales los hombres solían ser mucho mayores que las “niñas”. Encarnación era hija de un próspero comerciante vasco que llegó a ocupar posiciones destacadas en el Consulado de Buenos Aires -Juan Ignacio Ezcurra— y de una porteña llamada Teodora Arguibel López, perteneciente a una familia extensa y de larga tradición en Buenos Aires. En rigor, se trataba de una alianza más vasta no sólo por la estrecha amistad entre los padres de ambos cónyuges sino porque su hermana Gregoria se casó con Felipe Ignacio Ezcurra y Arguibel, el hermano de Encarnación. Pese a ello, todos los biógrafos insisten en afirmar que la madre de Rosas se oponía a este casamiento hasta que se vio forzada a aceptarlo.  Desde 1808 Rosas había sido puesto por su padre al frente de la estancia, y para 1811 había conseguido confirmar sus títulos de propiedad. Pero, poco después y debido al entredicho con su madre, devolvió los campos que administraba. Así, al contraer matrimonio la pareja fijó su residencia urbana en la casa de los Ezcurra y al año siguiente tuvo su primer hijo (Juan) y tres años después una hija, Manuela. Entre ambos hubo otra hija, María de la Encarnación, pero murió a poco de nacer en 1815. A su vez, en 1814 la pareja adoptó a un niño, Pedro Pablo, que era hijo de Manuel Belgrano y María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación, aunque había sido anotado como huérfano.  Muchos años después, Rosas ofrecería una versión de su inicio autónomo en las actividades económicas: “Ningún capital quise recibir de mis padres, ni tener marca mía propia, ni ganados, ni tierras, ni capital mío propio, durante estuvieron a mi cargo las estancias de mis padres. [...] Salí a trabajar sin más capital que mi crédito y mi industria. Encar¬nación nada tenía tampoco, ni tenían sus padres”. Así, la imagen que a Rosas le gustaba dar era la de un hombre que se había hecho a sí mismo. Pero más allá de la veracidad de esta reconstrucción retrospectiva algo resulta claro: su “capital” inicial residía en su “crédito” y en su “industria”, es decir, en la fama y los saberes adquiridos y en las relaciones y los lazos sociales que su familia había forjado, recursos de los que Rosas supo hacer buen uso.  Después de tantear posibilidades en la Banda Oriental y dedicarse a la venta de ganado en pequeña escala, en 1815 se asoció con Luis Dorrego —hermano de Manuel— y con Juan Nepomuceno Terrero (su “primer amigo y compañero”, como lo llamaría años después) para instalar el saladero de Las Higueritas en el partido de Quilmes.


Bibliografía: Gálvez Manuel "Vida de Don Juan Manuel de Rosas"

"Bares del Ballester de Antaño"

Por Flavio Pontoni

Bares y Cafés del Ballester de Antaño
Almacén en la esquina de Colon y Aguer (Ex- Rivadavia)

Si bien esta nota tratara sobre los bares y cafés de Villa Ballester en las décadas del 40 y 50, seria pertinente realizar una breve introducción  sobre estas verdaderas instituciones de barrio que aun perduran. El hecho de concurrir a un café o un bar va mas allá del ir a un lugar para beber algún tipo de bebida o infusión. El parroquiano habitual realiza una especia de “ritual”, ya que generalmente concurre a un horario determinado, se sienta en el mismo sitio y pide para consumir siempre lo mismo. Son lugares para leer, estudiar, realizar reuniones laborales, charlar con amigos y, porque no, un lugar para encuentros románticos.Muchos tipos de culturas han adoptado a este tipo de lugares como pilares fundamentales de las relaciones sociales, como la inglesa, la irlandesa, la española, la vienesa, etc.
Los bares en la década del 40 y 50
No cabe duda que los bares fueron sitios importantes de encuentros para nuestros antepasados que vivieron en dicho periodo. Esto se ve reflejado en como son nombrados en tangos, libros y películas. Villa Ballester tuvo varios de esos tipos de comercios. Aqui daré una pequeña lista, que me fue brindada gracias a los testimonios de distintos vecinos memoriosos y a la información suministrada por medios periodísticos sanmartinenses.

- Bar La Siberia, en Roca y San José de Flores
- Bar “del pelado Biglia en Campichuelo y Victoria (actual Artigas)
- Bar de López, en Lavalle y Pacifico Rodríguez
- Bar Lacoste”, en Lavalle e Independencia
- Boliche “El 33”, en 33 m entre Mitre y Once de Septiembre
- Bar “El Tropezón”, el Alte. Brown y San Martín.

Existían bares que eran anexos de almacenes como el de López y Planes, que estaba en Rivadavia (actual Prof. Aguer) y Roca, el almacén y bar la Nueva Medida”, en Pueyrredón y Avda Argentina o también el almacén, bar y cancha de bochas “El Luchador, de Córdoba 199. Según algunas declaraciones de antiguos residentes, estos bares eran anexos de almacenes funcionaban de manera simultanea durante el dia. Cuando llegaba la noche funcionaba como café o bar.
Se podría agregar que además Villa Ballester fue uno de los destinos que eligieron para residir gran parte de la colectividad alemana que en las grandes corrientes inmigratorias llegaron a nuestro país, por eso fueron muy concurridos aquellos establecimientos cuyas especialidades culinarias, decoración y como no, la infaltable cerveza les hacían recordar su añorada patria. Ejemplo de ello fue la cervecería, restaurante y bar “Deutsches Haus”, en Alvear 345.
Los bares y cafés tenían a veces mesas de billar o cancha de bochas que era un entretenimiento muy popular y eran visitados por personajes infaltables como el lustrabotas y el levantador de quiniela.
Desgraciadamente  los viejos establecimientos de ese tipo desaparición casi en su totalidad. Los cambios producidos por la urbanización  y las nuevas tendencias de decoración y arquitectónicas nos privaron  de ver un lugar de esos en su estado original. La ultima perdida importante en Villa Ballester fue el mítico bar  “El Águila” , que cerro y fue demolido a mediados de 2006 y que ubicado en la esquina de Artigas y Alte Brown durante muchas décadas fue un icono del barrio.