Por Claudia Alejandra Heredia
5 de julio de 1807. Segundo intento de ocupación inglesa. 9000 hombres habían desembarcado en la Ensenada de Barragán al mando de John Whitelocke, un General inglés muchísimo más experimentado que su antecesor Carr Beresford. Luego de varios días de marcha, las tropas de la infantería inglesa llegaron a los corrales de Miserere, eludiendo a las tropas de Santiago de Liniers que esperaban presentar batalla a campo abierto. La ciudad habría quedado descubierta si no hubiese sido por el rápido accionar del alcalde de primer voto, Martín de Álzaga, que planeó un combate dentro de la ciudad en el que participó todo el pueblo.
El 5 de julio, Whitelocke ordenó el avance de sus tropas, divididas en 12 columnas desde el norte y el sur, en una maniobra envolvente sobre la Plaza Mayor. No conocía la ciudad y el meterse por las callejuelas fue su perdición. El pueblo de Buenos Aires resistió heroicamente, cada casa se convirtió en un frente de combate arrojando todo tipo de objetos desde las azoteas.
Las tropas británicas se atrincheraron en el Convento de Santo Domingo y la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario fue saqueada. El Templo aún conserva las banderas británicas que el capitán Santiago de Liniers había entregado a los dominicos tras la primera invasión en 1806.
Con Liniers al mando, los defensores ocuparon la casa de Francisco de Telechea, en la intersección de las calles Defensa y Moreno, desde donde disparaban hacia la única torre que en ese momento tenía la iglesia, en el lado este.
En la torre aún pueden verse una serie de tachas de madera que fueron colocadas en los agujeros que dejaron los cañonazos. Las pusieron en 1836 para preservar el campanario y recordar la histórica defensa de la ciudad. El Comandante inglés rechazó la intimación de rendición, pero al ver que ya tenían muchas bajas y escasas posibilidades de salir victoriosos el 7 de julio, se produjo la rendición.
Cientos de soldados británicos y argentinos fueron enterrados bajo el empedrado de lo que hoy es el Pasaje 5 de Julio, que en ese entonces era la huerta de los dominicos. Siempre se habló de entre 2500 y 3000 cuerpos pero la cifra sería menor
La huerta fue expropiada en 1822 tras la reforma eclesiástica de Bernardino Rivadavia, el entonces f Ministro de Gobierno de Martín Rodríguez. Se levantó un pasaje, que primero se llamó Sarandí y luego fue rebautizado 5 de julio. Durante las excavaciones los cuerpos fueron llevados a distintos cementerios de la ciudad... aunque resulta imposible caminar sobre el empedrado sin imaginarlos allí debajo en un sueño eterno, ya desprovistos de codicias y rivalidades,
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viernes, 21 de noviembre de 2008
CONVENTO DE SANTO DOMINGO, TESTIGO DE LA HERÓICA DEFENSA DE UN PUEBLO UNIDO.
viernes, 18 de abril de 2008
San Martín, mas allá del bronce...
POR EL DR. JULIO R. OTAÑO
A 172 años de la desaparición física de José Francisco de San Martín y Matorras, el mito se agiganta y la denominación de Padre de la Patria está muy lejos de ser un anacronismo o una glorificación instalada en el bronce. No voy a hablar del Libertador Militar de América, ni del forjador de nuestra independencia, ni del líder junto con Belgrano, Guemes o Rosas. José de San Martín fue lo que quiso ser: un hombre común, Sus modos de comunicarse con la comunidad lo convirtieron en un líder cercano a las necesidades de su gente. Sus características fueron: El esfuerzo: y en su caso fue doble, por el estado de su salud, en particular, sus malestares gástricos que lo desangraron desde España; La generosidad y sentido de la solidaridad social que se manifiesta permanentemente en su vida; La modestia: Acordémonos de su vestimenta escasa y sencilla, que manda componer y remendar cuantas veces sea necesario, huía permanentemente de los homenajes; La honestidad transparente. Ya que sin honestidad no hay proyecto posible para el futuro y su vida limpia y honesta es modelo de futuro; la educación: Enamorado de los libros, fundó tres Bibliotecas y en el decreto de creación de la de Lima, dijo que los libros son letales para los malos gobernantes; defensa de los derechos del hombre sustentados por sus decretos terminando con la esclavitud y la servidumbre en los pueblos originarios; La defensa y unión nacional: San Martín vivía preocupado por la disolución y la disgregación nacional, apoyando a Rosas en sus enfrentamientos con el imperialismo anglofrancés; Unidad Latinoamericana: su gesta fue la causa de América, compartida con Simón Bolívar; Renunciamiento: a los honores y acompañado del silencio en su camino al ostracismo.