viernes, 21 de marzo de 2014

El ajusticiamiento de Rauch en Las Vizcacheras

Por Adrián Moyano

El 28 de marzo de 1829 un peñi terminó con la vida del mercenario prusiano. Pero el hecho no fue resultado del arrojo individual, fue la respuesta colectiva de una parte del pueblo mapuche.
A los libros llegó la versión de la historia que no escribieron los mapuche. A las obras pictóricas también. En un dibujo reproducido hasta el hartazgo, un tal Fortuny (Fortini dicen otros) inmortalizó la muerte de Federico Rauch, la que tuvo lugar el 28 de marzo de 1829 en el combate de Las Vizcacheras. En la escena puede apreciarse a un gallardo militar que sable en mano, trata de enderezar a su caballo, el que ha sido boleado. Luce un uniforme que se sugiere impecable, una gorra que pese a la violencia del entrevero, está firmemente instalada sobre su cabeza. Se muestra elegante hasta en la derrota. Su monta tiene las patas traseras enredadas por un bolazo. A su alrededor, pueden contarse trece jinetes mapuche. Algunos sonríen. Uno de ellos carga lanza en ristre sobre la espalda del soldado. Otro ya echó pie en tierra. Pisa los pastos generosos de Puelmapu. Es un gran trabajo plástico: semiocultas por la polvareda que levantó el enfrentamiento, varias siluetas continúan con la pelea.
Si no tuviéramos más datos sobre Las Vizcacheras, podríamos concluir que se trató de una emboscada. En el lienzo, el infortunado sufre una abrumadora inferioridad numérica. No hay otros soldados que aparezcan cerca. El más próximo está montado y de espaldas, sable en mano, luchando contra algún adversario que no alcanza a divisarse. Su vestimenta se adivina similar a la del caído. Trece contra uno... Al pintar también se construyó el estereotipo del "indio flojo" y traicionero. ¿Cuántos observadores habrán supuesto que este combate fuera uno de los tantos que libraron durante el siglo XIX las tropas de los sucesivos gobiernos winka con las diversas parcialidades mapuche?
En los últimos tiempos, la figura y actuación del coronel Rauch fue objeto de revisión por parte de Osvaldo Bayer, uno de los intelectuales más lúcidos de la Argentina y además, uno de los pocos que ha puesto su trabajo desinteresado al servicio de la verdad histórica que atañe al pueblo mapuche. De hecho, ideó la campaña Awka Liwen, que propone erradicar de todos los espacios públicos del país a los monumentos que homenajean al general Roca, dos veces presidente de los argentinos y ejecutor de la llamada Campaña al Desierto.
En realidad, Bayer comenzó a echar luz sobre la figura de Rauch hace tres décadas y como consecuencia de sus aseveraciones, conoció el calabozo, cuando un descendiente del militar tuvo poder para encarcelarlo. Matices más, matices menos, el relato que nos entrega el escritor y periodista señala que el hombre del caballo boleado había sido contratado por el gobierno de Bernardino Rivadavia en 1826 para limpiar las pampas de rankülche. Se trataba de un prusiano que había servido a las órdenes de Napoleón, es decir, lisa y llanamente un mercenario. El europeo se ufanaba de su practicidad: "hoy hemos ahorrado balas, degollamos a veintisiete ranqueles", le comunicó en una oportunidad a su superioridad. Pero hete aquí que se encontraría con la horma de su zapato. Siempre según el autor de "Los vengadores de la Patagonia trágica" un peñi –"un indio joven, apuesto, alto y de pelo largo"- al que los soldados llamaban Arbolito, esperó pacientemente al prusiano en una rugosidad del terreno, lo dejó pasar, le boleó el caballo y cuando éste se desplomó, rápidamente lo degolló. Bayer también comenta que Buenos Aires recibió al cadáver del prusiano con toda pompa y que sus exequias fueron muy lujosas. A tal punto fueron valorados sus servicios que una localidad bonaerense lleva su nombre: Coronel Rauch. En cambio, se queja Don Osvaldo, nadie recuerda a Arbolito, el "héroe de las pampas, el querido indio Arbolito".
Pero ni del dibujo de Fortuny ni del relato de Bayer se desprende un dato central. El combate que tuvo lugar en Las Vizcacheras aquel día no estuvo exclusivamente protagonizado por los kona rankülche de un lado y las tropas bonaerenses por el otro. En rigor, allí se enfrentaron un contingente federal de aproximadamente 600 hombres y otro unitario, de número similar. En el diciembre anterior, los sectores que habían sido desplazados del poder por la gestión de Manuel Dorrego, se habían sublevado e inclusive, el malogrado gobernador fue fusilado. Allí comenzó uno de los innumerables capítulos que constan en la historia de las guerras civiles argentinas. A Las Vizcacheras hay que situarla en ese marco. Las tropas leales a Lavalle –el fusilador de Dorrego- eran comandadas por Rauch, quien marchaba al frente de sus Húsares de Plata y contaba con otras unidades. Del lado federal participó Prudencio Arnold, quien más tarde llegó al grado de coronel y como muchos de los militares de su época, tuvo la ocurrencia de escribir sus memorias.
Cuenta en su libro "Un soldado argentino", que Rauch les venía pisando los talones, con la ventaja de comandar tropas veteranas de la guerra del Brasil. Los federales llegaron a Las Vizcacheras casi al mismo tiempo que un nutrido contingente de pu kona, que combatirían a su lado. Dice Arnold: "en tales circunstancias el enemigo se avistó. Sin tiempo que perder, formamos nuestra línea de combate de la manera siguiente: los escuadrones Sosa y Lorea formaron nuestra ala derecha, llevando de flanqueadores a los indios de Nicasio; los escuadrones Miranda y Blandengues el ala izquierda y como flanqueadores a los indios de Mariano; el escuadrón González y milicianos de la Guardia del Monte al centro, donde yo formé". Arnold no brinda más datos sobre los lonko que guiaban a los peñi salvo que Nicasio llevaba como apellido cristiano Maciel, "valiente cacique que murió después de Caseros".
Rotas las hostilidades, Rauch arrolló el centro de los federales y se empeñó a fondo –siempre según el relato de su adversario- sin percibir que sus dos alas eran derrotadas. Se distrajo y comenzó a saborear su triunfo pero pronto se vio rodeado de efectivos a los que supuso suyos. Hay que recordar que por entonces, los federales sólo se diferenciaban de los unitarios por un cintillo que llevaban en sus sombreros, el que decía "Viva la federación". Anotó su rival: "cuando estuvo dentro de nosotros, reconoció que eran sus enemigos apercibiéndose recién del peligro que lo rodeaba. Trató de escapar defendiéndose con bizarría; pero los perseguidores le salieron al encuentro, cada vez en mayor número, deslizándose por los pajonales, hasta que el cabo de Blandengues, Manuel Andrada le boleó el caballo y el indio Nicasio lo ultimó... Así acabó su existencia el coronel Rauch, víctima de su propia torpeza militar".
A raíz de su acción, Andrada fue ascendido a alférez. No obstante, no figura en el dibujo de Fortuny, en el cual sólo aparecen "indios". Sobre el degüello del prusiano, Arnold se limita a señalar que "se le cortó la cabeza...". No afirma que fueron manos mapuche quienes cercenaron el cogote del mercenario aunque bien podría haberlo hecho, porque en el resto de su narración queda en claro que no le tenía la menor estima a los peñi que combatían a su lado. Para evitar cualquier condena posterior, tenía a mano el recurso de depositar esa responsabilidad en los "salvajes". Así lo hicieron los historiadores argentinos de más tarde, que en lugar de convivir con la práctica de ese acto que hoy consideramos deleznable, prefirieron ubicarlo afuera, en el "Otro". Es más cómodo, más soportable, suponer que Rauch fue descabezado por un mapuche que por un soldado federal, que en definitiva era un blanco, un hombre de la civilización. Claro que más tarde, los jefes "nacionales" se cansaron de degollar gauchos durante las insurrecciones montoneras, pero esa es otra historia.
En la obra pictórica a la que hacemos referencia no sólo no aparece el cabo de Blandengues, tampoco lo hace ningún efectivo federal. Es decir, falsea la realidad. Indirectamente, omite desde el arte un dato suficientemente probado, los mapuche no sólo fueron protagonistas indiscutidos de su propia historia en los tiempos republicanos a uno y otro lado de la cordillera, también intervinieron y en ocasiones de manera decisiva, en los sucesos que hilvanaron el devenir histórico de la Argentina. Una simplificación práctica nos permitiría afirmar que con el correr de los años, los rankülche aparecieron como aliados de los unitarios y que los chaziche de Kalfükura solieron cabalgar al lado de los federales. Estos alineamientos no fueron automáticos pero además, es preciso entender que las alianzas que celebraron las diversas parcialidades poco tuvieron que ver con la adhesión a los principios centralistas o a los federales, sino que se explicaban por la dinámica interna del pueblo mapuche. Por eso en más de una oportunidad y en el marco de las guerras civiles argentinas, hubo pu kona de uno y otro lado. Al origen de esas oposiciones hay que buscarlo en los más recónditos pliegues del pasado mapuche, jamás se agotará su explicación en los vaivenes de la política winka. Los peñi de Nicasio y Mariano tuvieron sobradas razones para combatir a Rauch al lado de los federales. El prusiano había llegado a Buenos Aires en 1819 y en 1826 ya era jefe. Expedicionó hacia Kakel y Sierra de la Ventana, en carrera encarnizada detrás de los lofche. Les arrebató miles de cabezas de ganado, destruyó los toldos e hizo prisioneros. "Persigue hasta el exterminio en los vericuetos de la Sierra de la Ventana a los derrotados...", escribió el "progresista" Álvaro Yunque hacia 1956. A pesar de sus ideas supuestamente de avanzada, para Yunque Rauch fue "un jefe excepcional". El mercenario les había arrebatado a las comunidades de esa zona del Puelmapu 70 mil kilómetros cuadrados. Hay que tomarse el trabajo de observar un mapa de la actual provincia de Buenos Aires.
Bayer dice que la ciudad de Coronel Rauch se levanta cerca de donde ocurrió el combate de Las Vizcacheras, ¡tan cerca del mar! Algo más al sur se alzan las sierras de Tandil y La Ventana. ¡Esas tierras también eran territorio mapuche! Durante la gestión del fusilado Dorrego la frontera había llegado hasta Cabo Corrientes, ¡hoy Mar del Plata! Alrededor resiste la toponimia en mapuzugun: Chapaleofú (una localidad); Arroyo del Gualicho; Napaleofú (otro pueblo); Mechongue (uno más); Tamangueyu (otro); Nahuel Rucá (más)... ¡Hasta el recuerdo de Calfucura está presente gracias a la denominación de un pequeño poblado! Los ejemplos se multiplican.
Esperemos que los debates como el que queremos presentar, también proliferen. No sabemos si Arbolito o Nicasio fueron la misma persona. Esa discusión no tiene mayor trascendencia. Sí nos parece importante destacar que el ajusticiamiento de Rauch no fue solamente la obra de "un indio joven, apuesto, alto, de pelo largo". No creemos que haya sido la respuesta individual de un peñi más indignado que el resto. Pensamos que fue la reacción calculada y premeditada de al menos, dos lonko y sus respectivos kona, que vieron en las luchas intestinas de los winka la posibilidad de frenar las usurpaciones territoriales que desde el mismísimo 1810, los argentinos estaban perpetrando contra los hermanos. Quizá haya sido "el querido indio Arbolito" el "héroe de las pampas" que supone Don Osvaldo. Pero los héroes históricos que el pueblo mapuche ha consagrado son Leftraro, Kawpolikan, Pelantraro, Lientur, Kalfükura, Kilapan, Pincen, Baigorrita y tantos otros. Ellos también enrojecieron sus cuchillos con la sangre de los usurpadores, alguna vez fueron jóvenes, no todos resultaron apuestos y mucho menos altos, pero reunieron en sus personas la sapiencia, la astucia, la valentía, la dignidad y la tenacidad de un pueblo que a 182 años de Las Vizcacheras, continúa abriéndose paso con el waiki del pensamiento. Pero también con acciones menos simbólicas si es necesario.
* Periodista, licenciado en Ciencias Políticas, colaborador de la Organización Mapuche Tehuelche "11 de Octubre" y del periódico mapuche Azkintuwe.

jueves, 20 de marzo de 2014

Garibaldi y el saqueo de Gualeguaychú


Por Carmen Itatí Bonpland

En el Río de la Plata operaba la flota de la Confederación, al mando del almirante Guillermo Brown, que intentaba bloquear el puerto de Montevideo. La flota armada por el gobierno de Montevideo, comandada por el Comodoro Juan Coe había sido destruida. En 1842, el gobierno de Montevideo designó a Garibaldi como sustituto del Cro. Coe al mando de la flota, librándose entonces, el 16 de agosto de1842, un combate naval en el río Paraná cerca de la localidad de Costa Brava. Las naves comandadas por Garibaldi fueron derrotadas por las fuerzas de Brown, superiores en barcos y hombres. Después de sufrir fuertes pérdidas, Garibaldi incendió sus naves para evitar que cayeran en manos de Brown; y desembarcando a tierra, logró ponerse a salvo con los tripulantes sobrevivientes.
Garibaldi volvió a dirigir una escuadrilla naval, al frente de la cual logró impedir que las naves de Brown ocuparan la isla de Ratas, en la bahía de Montevideo (que pasó entonces a llamarse isla Libertad), logrando así impedir el intento de la flota rosista de bloquear Montevideo.
Vuelto a Montevideo, en 1843 — y establecido por Oribe el sitio de Montevideo, que habría de prolongarse hasta 1851 — Garibaldi organizó una unidad militar mercenaria que fue denominada “La Legión Italiana”, al frente de la cual se puso al servicio del gobierno de Montevideo, conocido históricamente como el Gobierno de la Defensa. Entre las acciones militares en que participó Garibaldi al frente de su Legión Italiana, se destaca la que tuvo lugar en las afueras de las murallas de Montevideo, llamada Combate de Tres Cruces, por haberse realizado en el paraje así denominado, el 17 de noviembre del 1843.
Luego de ello, embarcado en una nueva flotilla de una veintena de naves con unos 900 hombres de tropa para desembarco, y contando con el amparo de las escuadras de Francia eInglaterra, pudo ocupar y saquear en abril de 1845 la ciudad de Colonia. En septiembre toma la isla Martín García, defendida por la Confederación, y la ciudad de Gualeguaychú, la que también saquea, y en octubre la ciudad de Salto (Uruguay). Es de notar que Garibaldi admite haber permitido los saqueos, que fue una pauta de comportamiento del cuerpo mercenario que dirigía.
Se calcula que con parte de esos fondos compró luego la isla de Caprera. En sus memorias llama a su legión "virtuosos saqueadores". El 8 de febrero de 1846, en territorio de Salto, en las cercanías del arroyo San Antonio, afluente del Río Uruguay, Garibaldi y su Legión Italiana libraron el combate de San Antonio contra fuerzas superiores de la Confederación, a las que infligieron numerosas bajas, logrando retirarse de sus posiciones después de haber perdido alrededor de una tercera parte de sus efectivos.
Después de diversos avatares y aventuras en este país se casa en 1842 con Ana Maria de Jesus Ribeiro, llamada después Anita Garibaldi. A ella la conoció en 1839 en Laguna, Santa Catarina, en lo que fue un auténtico amor a primera vista. Con ella tuvo cuatro hijos, Menotti, Rosita, fallecida con dos años, Teresita y Ricciotti.

martes, 18 de marzo de 2014

Los fuertes de la Confederación

Por el Tte Cnel. (R) Horacio E. Morales
Fuerte de la Federación
En el mes de setiembre de 1827 se iniciaron las tareas preparatorias destinadas a la construcción del Fuerte de la Federación. Juan Manuel de Rosas, que había sido designado Comisionado del Gobierno, presentó en el mencionado mes el presupuesto
detallado de gastos para el levantamiento de Federación. Calculaba que demandaría la suma de 97.600 pesos la construcción del mismo, pero el gobierno podía facilitar la cantidad de 91 mil pesos. La diferencia, debía ser aportada por los estancieros de San Nicolás, San Pedro, Salto, Arrecifes y Baradero. José Rondeau, en su carácter de Inspector General de Milicias, y Rosas como Comisionado, fueron los responsables de recibir los aportes, como así también, cabalgaduras y ganado vacuno para la alimentación de los expedicionarios. El 2 de diciembre de 1827 el Comisionado impartió la orden de iniciar la marcha al primer contingentes de 24 carretas cargadas de materiales, rumbo hacia el Potroso, lugar inicialmente designado para instalar Federación. Rosas entregó detalladas instrucciones al comandante Mariano Acha, a cargo de la columna, y al personal que efectuaría los reconocimientos en el terreno. Ejecutados los mismos, fue cambiado el lugar originalmente designado en el Potroso, habiéndose seleccionado un lugar ubicado 15 Km al sur del mismo por presentar condiciones más adecuadas, el Cerrito Colorado. Este, situado en la margen izquierda del Rio Colorado era conocido como Rincón del Carpincho. El 6 de diciembre Mariano Acha le escribe a Rosas: "… fixamos el mojón en el Cerrito Colorado. Al hacer el mojón hemos tenido en cuenta las indicaciones que Ud nos hace sobre el particular estableciéndolo junto al mismo arroyo, en un paraje alto, que forma lomada de bastante extensión, propio para la población." (1)
Además del personal que marchaba con la columna de carretas, por disposición del gobierno, a solicitud de Rosas, trabajaron en la construcción del fuerte, personal del Regimiento de Caballería de Línea Nro 5, con asiento en la Guardia de Salto y 32
prisioneros de guerra brasileños, incorporados al Regimiento, al mando de su Segundo Jefe, el Teniente Coronel Bernardino Escribano. El 25 de diciembre de 1827 Rosas despacha un segundo tren de carretas hacia el lugar elegido, con el personal y los materiales restantes. Rosas se dirige por oficio a Rondeau y le expresa: "… y salió en efecto con las últimas carretas cuanto había que remitirse para dicho Fuerte, y en ellas el botiquín, Maestro de ranchos, carpintero y el Comisario con el dinero: de
modo que estando ya al lado del Sr Escribano el Piloto con su comitiva, y también habiéndosele incorporado el ayudante del Comisario, Dn N: Campaña, nada esencial, ni conveniente ha quedado, que no haya marchado." (2) Rosas se preocupaba de adoptar todas las providencias del caso para que el personal necesario, el material y el dinero llegaran cuanto antes a su destino. La prolijidad y detalle en las instrucciones que acostumbraba a impartir Rosas, en éste caso incluía también, la forma en que debía conducirse el ganado necesario para los expedicionarios. En su opinión, no era conveniente el arreo en una sola vez, sino hacerlo de a poco, a medida que se fuera necesitando. Para el arreo y para las rondas, según Rosas, no serían necesarios más de 30 hombres, cantidad que no afectaría las actividades de construcción del fuerte. Con fecha 14 de enero de 1828 se despacha el primer oficio del nuevo fuerte, denominado de la Federación, hacia Buenos Aires, solicitando caballos de reemplazo. El 21 de enero de 1828 Rosas eleva al Gobernador una detallada rendición de cuentas, de todas las actividades realizadas desde que aceptó su designación de Comisionado del Gobierno. Incluye en los documentos elevados todas las comunicaciones oficiales relacionadas con la construcción del fuerte, que Rosas enviara, y sus contestaciones. Finalmente expresa que considera finalizada su misión relacionada con el fuerte de la federación,agregando que las recaudaciones, en la ciudad y la campaña, de dinero y ganado, se remitirán con celeridad, a los efectos de instalar las guardias y la conservación del fuerte en el Cerrito Colorado. De lo brevemente relatado, se advierte una vez más, el notable empeño de Rosas en la misión encomendada de extender la frontera, no limitándose a la actividad específica, sino que, trató de asegurar todas las previsiones posibles para un normal funcionamiento de la vida en el Fuerte de la Federación, que contaba con 350 personas, entre el personal de oficiales,tropa, peones, prisioneros de guerra, mujeres y niños. En el Fuerte de la Federación se estableció el primer núcleo de pobladores que dio origen a la actual ciudad de Junín, y que sirvió además para cubrir las Guardias de Rojas, Salto y Luján.

Fuerte 25 de Mayo
Para la época en que Rosas trabajaba en la organización y dirección de la fundación del fuerte de la Federación, preparaba la construcción de la fortaleza "25 de Mayo", núcleo de la actual ciudad del mismo nombre. Era intención original levantar la
misma junto a la laguna Cruz de Guerra, paso obligado desde la colonia, para las expediciones que desde Buenos Aires se dirigían a las Salinas Grandes para aprovisionarse de sal. El comisionado del gobierno instru-Luján y de Navarro para que recorrieran la campaña solicitando la entrega de carretas, carpinteros, maestros de rancho, zanjeadotes, cortadores de árboles, con destino a la construcción del nuevo fuerte. Asimismo, los mejores baqueanos de la zona deberían ser utilizados para los reconocimientos y elección del lugar donde se iniciarían los trabajos.
Al frente de la expedición fundadora fue designado el Sargento Mayor Julián Perdriel, perteneciente al Regimiento de Caballería de Línea Nro 6, con guarnición en Lobos. Don Juan José Olleros fue nombrado Comisario de Guerra, y el ingeniero
francés Narciso Parchappe, tendría a su cargo la traza del fuerte y del futuro
pueblo. Con fecha 27 de diciembre de 1827 Rosas le despacha a Perdriel, las precisas instrucciones que deberá tener en cuenta para la fundación del fuerte. En ellas le expresaba, las puntuales condiciones para la elección del lugar donde se levantaría el fuerte, que debía estar determinado por "… las mejores aguadas permanentes, buenos y abundantes pastos a su inmediación."
(3) Luego de numerosos reconocimientos, se eligió un lugar ubicado a 20 Km al sudoeste de la laguna. También en las instrucciones se hacía referencia a los útiles, materiales y personal de tropa que conduciría la expedición fundadora, que se integraría con 20 carretas con seis bueyes cada una. Relacionado con los jornales que recibirían los obreros, establecía claramente las diferencias según la actividad que realizaran los mismos y la forma de efectivizar los pagos, siendo responsabilidad del Comisario de la expedición. En las referidas instrucciones a Julián Perdriel, se preocupaba Rosas por explicar como había seleccionado los distintos materiales y cómo debían ser utilizados, cada uno, para lograr una mayor funcionalidad. En los artículos dedicados a la alimentación, destacaba que, desde la partida de la expedición debían ser distribuidos a los jornaleros y tropa yerba, tabaco y papel y el número de raciones diarias para cada uno según la tarea que ejecutara. Como se expresara anteriormente, para la fundación del fuerte de la
Federación, Rosas expidió instrucciones en las que se destaca el excesivo celo con que se ocupa de los más mínimos detalles, a tener en cuenta, a efectos de lograr los mejores resultados y la fundación del fuerte se ejecutara sin mayores dificultades.
El 1 de enero de 1828 se puso en marcha, desde Buenos Aires un convoy de 4 carretas al mando de Perdriel, a quien acompañaba el ingeniero Parchappe y el Comisario Juan
José Olleros, en dirección a la guardia de Luján, donde se concentraba el resto de los efectivos de la expedición. El 07 de enero partieron hacia Las Saladas y luego a la laguna Cruz de Guerra, que fue alcanzada el día 14. Después de descansar dos días, el 17 de enero de 1828, comenzaron los trabajos preparatorios para el levantamiento de la fortaleza, en el lugar ya reconocido, junto a una laguna de
agua dulce. Se construyeron pequeñas chozas con juncos y un corral para encerrar
de noche el ganado vacuno, fueron las primeras tareas. El 19 de enero de 1828 se inició la construcción del fuerte. Perdriel le solicitaba a Rosas el envío de familias, y que la tropa pudiera traer las suyas, que habían dejado en la guardia de Lobos. Le consultaba además, la forma en que debía realizar el reparto de tierras en la zona próxima al fuerte, que conformaría la nueva población. El 22 de enero de 1828 Rosas en oficio al gobierno, en su carácter de comisionado, le expresa: "La Provincia, su riqueza, la protección de las propiedades de campaña, la seguridad de sus individuos, el crédito de la provincia misma, son los resortes que mueven esta grande empresa. Esta obra es de un orden preferente a toda otra. Ayer el comisionado llenó su deber con respecto al fuerte de la Federación, y hoy lo hace sobre el fuerte 25 de Mayo." (4)

Laguna Blanca Durante el año 1827 se formaron
comisiones integradas por hacendados, que interesados por la nueva línea de fronteras, colaboraron activamente para el levantamiento de los nuevos fuertes.
En setiembre de ese año presidía la comisión de Laguna Blanca, D Félix Alzaga.
Las comisiones recolectaban dinero, se ocupaban de elegir materiales, contratar
los trenes de carretas y seleccionar a los obreros que trabajarían en la construcción de los fortines. Rosas en oficio despachado al Comandante del Regimiento de Caballería de Línea Nro 6, con guarnición en Lobos, Teniente Coronel
Mariano García, le explica los fundamentos de levantar un fuerte en la referida laguna: "El punto del establecimiento del fuerte por la cantidad de aguadas permanentes y buenos pastos, es el de Laguna Blanca, sita al noroeste de las puntas de la Sierra del Tandil como tres leguas". (5) Para Rosas tenía importancia estratégica "… por su proximidad con los indios y su posición intermedia entre los demás fuertes del sud." (6) Hacía referencia al Fuerte 25 de Mayo y a la Fortaleza Independencia. El 14 de enero de 1828 en oficio a Rondeau, el Comisionado le informa
que estaba listo el tren de carretas contratadas para marchar hacia Laguna Blanca y Bahía Blanca donde se levantarían los nuevos fuertes, solicitando la autorización para iniciar la marcha. Como médico del nuevo fuerte pedía el nombramiento del
cirujano D Ramón Fresno y el envío de un botiquín. Respecto a la provisión de armamento, consideraba necesarios tres cañones con la correspondiente munición y el refuerzo de armas de chispa para la tropa. El gobierno nombró al Teniente Coronel Mariano García como Comandante del fuerte que se fundaría. Como Comisario fue designado D Domingo Moreno, D Ramón Fresno como cirujano y D Saturnino Salas como ingeniero. El Comisionado Rosas, para ésta expedición preparó detalladas instrucciones, incluyendo la forma en que debían ser cargadas las carretas. El 16 de febrero de 1828 la expedición inició la marcha desde Monte, llegando a Laguna Blanca 10 días después, iniciándose los trabajos de construcción. En julio de 1828, al finalizar las tareas,Rosas en su Memoria elevada al gobierno expresa: "… todo el mundo ha sido testigo de hallarse ya establecidas las guardias con una nueva línea de frontera, mucho más avanzada de lo que permitían los tratados con los pampas y tehuelches, y que esto se ha hecho sin oposición alguna por su parte y antes con su cooperación en lo que les ha pedido." (7)
NOTAS:
(1 IBARGUREN CARLOS, "JUAN MANUEL DE ROSAS".
(2) ROSAS JUAN MANUEL, OFICIO A JOSÉ RONDEAU, EN "LA VERDAD NRO 1460, 23 OCT 1927.
(3) ROSAS, "INSTRUCCIONES A JULIÁN PERDRIEL".
(4) OFICIO DE ROSAS AL GOBIERNO, IBARGUREN CARLOS "J M. DE ROSAS".
(5) LEGAJO DE DOCUMENTOS SOBRE NEGOCIACIÓN PACÍFICA CON LOS INDIOS, 1825 - 1828. ARCHIVO HISTÓRICO DE LA PCIA BS AS.
(6) IDEM (5).
(7) ROSAS J. M., "MEMORIA ELEVADA AL GOBIERNO DE BUENOS AIRES".