miércoles, 9 de febrero de 2011

Leandro Gómez, un héroe de dimensión universal

Por Víctor Páez
Días pasados se cumplieron 144 años de la muerte del General Leandro Gómez, en la madrugada de aquél 2 de enero de 1865, luego de treinta y un días de dura y desproporcionada batalla, fallecía de pie, el héroe que dio dimensión de epopeya a la defensa de la ciudad de Paysandú, sitiada por tierra y bombardeada desde el río por la escuadra brasileña.

Por este hecho, Paysandú, desde enero de 1865, ingresó a la historia con épicos perfiles de leyenda y pasó a ser la “Heroica”. Cubiertos de gloria imperecedera quedaron los nombres de Lucas Píriz, Braga, Raña, Azambuya, Estomba, los hermanos Rivero y tantos otros valientes, que, bajo la jefatura de Leandro Gómez y con la consigna inmortal de "¡Independencia o la muerte!", ofrendaron sus vidas por puro amor a la patria.

Aquel Uruguay de fines de 1864 se encontraba ensangrentado por la injusta revolución de Venancio Flores contra el prestigioso gobierno constitucional de Bernardo Prudencio Berro e invadido, luego, por la fuerzas del Imperio del Brasil, con la aquiescencia evidente del presidente argentino, el general Mitre.
José María Leandro Gómez, había nacido en Montevideo el 13 de abril de 1811. Era el décimo hijo del gallego Roque A. Gómez y la montevideana María Rita Calvo.
Militante fervoroso del Partido Blanco desde que éste se constituyó, en 1836, fue hombre de la total confianza del presidente Don Manuel Oribe, en cuya Guardia Nacional sirvió desde noviembre de 1837 y a cuyas órdenes actuó, con grado de Capitán, en la batalla triunfal de Arroyo Grande, el 6 de diciembre de 1842.
Su devoción por la patria y su adhesión ilimitada a la causa de la independencia constituían el signo distintivo de su personalidad sin dobleces. Si de alguien se puede afirmar que era, ante todo, un hombre de honor, ese era Leandro Gómez.
Un rasgo singularmente enaltecedor de su persona, es su pública admiración por la figura de Artigas, en tiempos en que la leyenda negra sobre el prócer gozaba de muy buena salud y se estaba aún a décadas de su reivindicación por Francisco Bauzá y Carlos María Ramírez. Cabe afirmar, entonces, que fue Leandro Gómez, adelantándose a su tiempo y empinado en su exaltado patriotismo, el primer reivindicador, público y categórico, del accionar de Artigas.
Lamentablemente, en los libros de historia en uso por nuestros estudiantes durante décadas, se ubica la epopeya de Leandro Gómez como un capítulo más sobre las "Guerras Civiles" entre blancos y colorados, empequeñeciendo la gesta de este gran artiguista y sus fieles compañeros. La editan como una guerra de parcialidades, cuando eran Guerras de la Nación.
Hoy, a 144 años de estos hechos que conforman la más rica historia de nuestra patria, nos parece que falta mucho por contarles a los uruguayos. Cuando se pretende a las apuradas en nuestros días incluir en los planes de estudio de escolares y liceales, la denominada “historia reciente”, es que nos damos cuenta que no se han revisado, todavía, en aras de redimir y homenajear a la verdad, la “historia antigua” de nuestra patria.
Leandro Gómez, no fue sólo el glorioso jefe de la defensa de Paysandú, fue mucho más, y deberíamos saberlo.

Testamento del Gral Manuel Belgrano

Dias antes de morir el Gral Manuel Belgrano redactó su testamento designando como Albacea a su hermano el canónigo don Domingo Estanislao Belgrano, a quien nombró patrono de las escuelas por él fundadas, legándole su retrato, con encargo secreto de que, pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes en favor de una hija natural llamada Manuela Mónica, que en edad de poco más de un año había dejado Tucumán, recomendándole muy encarecidamente hiciera con ella las veces de su padre, y cuidara de darle la más esmerada educación”.
Texto del testamento “En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, Dn.Manuel Belgrano, natural de esta ciudad, brigadier de los ejércitos de las Provincias Unidas en Sud América, hijo legítimo de Dn. Domingo Belgrano y Peri, y Da. María Josefa González, difuntos: estando enfermo de la que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano y entero juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Angeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra, a su amante esposo el señor San José, al Angel de mi Guarda, santo de mi nombre y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente:

“1a. Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina Majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho mi cuerpo, amortajado con el hábito del patriarca Santo Domingo, sea sepultado en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro, sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea.

“2a. Item, ordeno se dé a las mandas forzosas y acostumbradas a dos reales con que las separo de mis bienes.

“3a. Item, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente.

“4a. Item, declaro: Que debo a Dn. Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensará en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y presté en el Paraguay al Dr. Dn. Vicente Anastasio de Echevarría, para la compra de una mulata - Cuarenta onzas de que me es deudor el brigadier Dn. Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas: tres mil pesos que me debe mi sobrino Dn. Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho.

“5a. Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombro por mi albacea a mi legítimo hermano el Dor. D. Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de chantre de esta Santa Iglesia Catedral, al cual respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todos mis acciones y Dros. presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera otra disposición testa¬mentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en la vía y forma que más haya lugar en Dro. En cuyo testimonio lo otorgo así ante el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos veinte. Y el otorgante a quien yo dho. escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M. Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público".

jueves, 3 de febrero de 2011

Parte del combate de San Lorenzo

Suscrito por el coronel José de San Martín al superior gobierno.
Exmo Señor. Tengo el honor de decir a V. E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo á las armas de la patria.
Los enemigos en número de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por los fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor número. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V. E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipolito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este número son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Vélez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo.

El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V. E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros. Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores.
Dios guarde a V. E. muchos años. San Lorenzo febrero 3 de 1813.
Coronel José de San Martín