viernes, 14 de febrero de 2020

Sarmiento y el Estrecho de Magallanes

POR VICENTE D. SIERRA
En febrero de 1843 de Angelis informaba a Guido que en Chile el gobierno había disuelto la Comisión Argentina y llamado a silencio a la prensa antirrosista. Destacaba que el gobierno chileno había hecho conocer sus pretensiones a la costa boliviana del Pacífico, por lo que infería que aquella conducta respondía a que se preparaba una guerra de conquista contra Bolivia para quitarle su salida al mar. En tales circunstancias interesaba contar con la amistad argentina.  Pero no eran sólo aspiraciones contra Bolivia las que alentaba Chile, sino también la de extenderse hacia el sur. Contaba para hacer el ambiente necesario con la pluma de un argentino, Domingo Faustino Sarmiento, quien había fundado, con apoyo oficial, un periódico titulado “El Progreso”, el 10 de noviembre de 1842, en cuyas columnas inició una campaña preconizando el envío de una expedición militar al estrecho de Magallanes. Como dice Ricardo Font Ezcurra, Sarmiento hizo el sensacional descubrimiento de que casi toda la Patagonia argentina pertenecía a Chile.
Si en la segunda mitad del siglo XIX la disputa de límites con la Argentina apasionó a Chile, el problema puede ser dividido en dos grandes períodos. Durante el primero Chile sólo se interesó en reivindicar como propia, en la parte austral, la zona comprendida entre los Andes y el Pacífico, hasta el Cabo de Hornos; durante el segundo las presiones chilenas se extendieron hacia la Patagonia argentina. Ni la provisión del Virrey La Gazca, de 18 de abril de 1548, designando a Pedro de Valdivia La gobernación de Chile, extendida hasta los 41° sur, ni a ley 12, título 15, libro 2, de la Recopilación de Leyes de Indias, sancionada en 1680, que creó la Real Audiencia de Chile, permiten inducir que alguna vez se entendió que la Patagonia entraba en jurisdicción chilena, aunque esta última disposición estableció como jurisdicción de dicha institución lo que se “poblare y pacificare dentro y fuera del estrecho de Magallanes y la tierra adentro hasta la provincia de Cuyo inclusive”.   Pero en este caso es evidente que se extendió Chile hasta el estrecho, como también es que  posteriormente, al establecerse el Virreinato del Río de la Plata, el territorio de Chile quedó limitado al sur por el río Bío Bío en más o menos 38° sur; pero en Chile se mantuvo la idea la idea de que el límite austral que le correspondía era el cabo de Hornos, y así el general O’Higgins, en el artículo 3º de la Constitución de 1822, lo estableció:   “El territorio de Chile conoce por limites naturales: al sur el cabo de Hornos, al norte el despoblado de Atacama, al oriente los Andes, al occidente el mar Pacífico; le pertenecen las islas del  archipiélago de Chiloé, la de la Mocha, la de Juan Fernández, la de Santa María y demás adyacentes. La Constitución de 1833, reprodujo dicho artículo; lo mismo la redactada por Joaquín José de Mora, en 1828; sin que se registre acto alguno para hacer extensiva en la forma expresada dicha soberanía. Tanto Portales como posteriormente el presidente Bulnes nada hicieron para modificar dicha declaración de límites, extendiendo a la Patagonia las apetencias chilenas. Más adelante ampliaremos la información sobre el asunto. 
Parece que-corresponde a O'Higgins haber sido, antes que cualquier otro de sus compatriotas, quien destacó la necesidad de adoptar medidas para tomar posesión efectiva del estrecho de Magallanes; siendo notorio que en 1836 sometió a un amigo, el capitán Juan H. Smith. un proyecto “para establecer buques de vapor en el estrecho de Magallanes para remolcar los veleros procedentes del océano Atlántico' en viaje al Pacífico”.
El desarrollo de la navegación de vapor asignó singular importancia a la navegación por el estrecho. En setiembre de 1840 barcos ingleses “Perú” y “Chile”, de vapor y de vela, cruzaron el estrecho, demostrando la ventaja del sistema sobre los simples veleros. El comandante de la escuadrilla, Jorge Peacock, dejó constancia de su paso, el 18 de septiembre, erigiendo un tronco en lo alto de punta Santa Ana, encerrando al pie descripción del viaje. Debe tenerse en cuenta que las naves, en su vuelta por el cabo a Hornos, empleaban de 40 a 60 días, con los riesgos inherentes a la navegación de la zona mientras que, con remolcadores de vapor podrían cruzar el estrecho en 30 ó 40 hora» Tal ahorro de tiempo aseguraba al puerto chileno de Valparaíso la certeza de llegar a ser el más importante del Pacifico. Durante !a presidencia de Bulnes insistió O’Higgins en su idea, que incluía una labor colonizadora en la zona, y así, en carta de 4 de agosto de dicho año, dirigida al ministro Ramón Luis Irrazábal, insistió en su proyecto, que debió de ser obsesión en él, ya que tal anhelo señoreó el ocaso de su vida al poner la palabra “Magallanes” en sus labios, en el momento de expirar, a medio día del 24 de octubre de 1842.
Poco antes un marinero norteamericano que había actuado como cazador de lobos en Magallanes, Jorge Mabon, o Mebon, solicitó a fines de 1841 una concesión por diez años para explotar el servicio de remolcadores en el estrecho. Por decreto de 21 de diciembre de dicho año el gobierno designó a Diego Antonio Barros, Domingo Espiñeira y Santiago Ingram para estudiar dicha demanda, a la que apoyaron con un dictamen en el que destacaban que antes era preciso tomar poseción efectiva del estrecho, “que es, si no el único, el más respetable de los títulos que se podían alegar, llegado el caso de ocupación extraña ’. El gobierno chileno comprendió que la concesión no podía ser dada sin tener la posesión del estrecho, pero que carecía de títulos para ocuparlo, salvo el acto mismo de hacerlo para afirmar luego un derecho de utis posidetis, ya que en aquellos momentos la Confederación Argentina no ejercía ningún derecho de soberanía sobre el lugar.
Otro hecho que instó al gobierno de Chile a actuar fue un informe privado que Andrés Bello comunicó al ministro de Relaciones Exteriores Ramón Luis Irrazábal, según el cual estaba en conocimiento de que Francia proponía ocupar el estrecho. Se dispuso armar una goleta, que se llamó “Ancud”, que condujera a su destino a Domingo Espiñeira Riesco, nombrado intendente de la Provincia de Chiloé, con la responsabilidad  de organizar la expedición marítima que contaría el propósito de su gobierno de afirmar la soberanía chilena sobre el estrecho.
La alegación de sendos derechos históricos, incluyendo a casi toda la Patagonia, ha carecido siempre de seriedad histórica. Lo notorio que el gobierno chileno consideró necesario ir  a datos y elementos para justificar la ocupación permanente del estrecho de Magallanes, y a la par mover a la opinión pública, para la cual utilizó la pluma de Sarmiento. Los artículos del sanjuanino, que inició la campaña el 10 de noviembre de 1842, en las columnas de “El Progreso”, y siguió publicando casi diariamente, crearon opinión. Font Ezcurra publicó una carta de Pedro Díaz de Valdez a Jorge Mebon, de 21 de noviembre de 1842, en la que decía:
“Su estimable del 19 que acabo de recibir me ha llenado de satisfacción al ver que su asunto progresa rápidamente, GRACIAS A LOS INCOMPARABLES ESFUERZOS DE SU DIGNO AMIGO SARMIENTO. Tengo en mi poder todos los números de «El Progreso» que se han publicado hasta la fecha y debo confesar que la materia está tratada con mucha maestría..., la relación de Sarmiento es perfectamente satisfactoria..., y no deja nada bajo la posibilidad de ser cuestionable por nadie, EN PRESENCIA DE LOS INALTERABLES DOCUMENTOS QUE PRESENTA. Si Ud. lo ve no deje de saludarlo en mi nombre y expresarle mi gratitud por la parte activa que. ha tomado en el negocio.”
La campaña se cerró con un editorial titulado: “Navegación y Colonización del Estrecho de Magallanes”, el 28 de noviembre del mismo año, artículo que no fue incluido en la edición de las obras completas de Sarmiento. Dice así:
 “Concluiremos con algunas reflexiones generales la ya harto difusa investigación sobre la posibilidad y ventajas de la colonización del Estrecho. ¿Qué falta mientras tanto para que todos esos bienes puedan contarse en el número de las cosas positivas, para que en lugar de ser meras conjeturas o ilusiones risueñas pasen a ser hechos? Nada: PUES QUE NADA SERIA DAR EL PRIMER PASO QUE ES MANDAR AL ESTRECHO ALGUNAS COMPAÑIAS DE SOLDADOS Y LOS VÍVERES NECESARIOS PARA SU MANTENIMIENTO. Todo lo demás está en manos del espíritu de empresa, tanto nacional como extranjero, que allana las dificultades y que sabe aventurar capitales cuando el prospecto de una utilidad inmediata se ofrece luminoso a su vista. El espíritu de empresa ha realizado en estos días los prodigios más asombrosos. Para él la naturaleza no presenta obstáculos insuperables; las distancias desaparecen; los climas se dulcifican y la furia de los elementos se embota y se desarma. Para Chile basta en el asunto de que tratamos decir quiero, y el Estrecho de Magallanes se convierte en foco de comercio, de civilización y de industria, que en pocos años puede sobreponerse a todos los centros mercantiles de la América del Sud. Lo repetiremos hasta la saciedad: aquel punto está llamado para figurar en un gran papel en el comercio del mundo. La América está en vísperas de alzarse en medio del globo como el rico almacén en que todas las naciones del mundo vendrán a proveerse de cuantas materias primeras necesiten sus fábricas. Sus metales preciosos, sus productos tropicales, sus peleterías atraerán a sus costas las naves de todo el mundo, y la inmensa extensión de su superficie será bien pronto el cuadro extenso en qué germinarán mil naciones, formadas por la emigración europea, que cada día invade en mayor número las costas americanas. La multitud de islas del Pacífico se hacen ya otras tantas naciones y otros nuevos focos de comercio; y la nueva Holanda que se alza entre ellas como un inmenso coloso destinado a ser bien pronto una nación poderosa, no permanecerá cuatro años más sin eslabonarse a la cadena de vapores que liga ya a una gran parte de la tierra. Los puntos civilizados del África ensanchan cada día sus relaciones en estos mares; y el Estrecho de Magallanes será, cualquiera que sea nuestra conducta a este respecto, el centro de todas estas líneas de navegación. ¿Se cree por ventura, que si intereses tan grandes han de permanecer por siempre librados a merced de la naturaleza, que el arte intente nada para resguardarlos? ¿La previsión europea que anda a caza de tierras para formar colonias, y que se anticipa de un siglo en la ocupación de aquellos puntos del globo que ofrecen la más leve importancia comercial, se descuidará en aprovecharse de lo que nuestra incuria deja abandonado a la nulidad y al desamparo? Pero veamos lo que sucede en el momento. La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga. En cambio no falta cada año que transcurre en el mensaje del gobierno de Buenos Aires el párrafo obligado: «EL GOBIERNO CONTINÚA SUS RECLAMACIONES Y ESPERA DE LA JUSTICIA Y DEL GABINETE BRITANICO QUE SERÁN ATENDIDAS.» Y seamos francos, rio obstante qué esta invasión universal de la Europa sobre nosotros NOS SEA PERJUDICIAL Y RUINOSA, ES ÚTIL A LA HUMANIDAD, a la civilización y al comercio. Los pueblos ganan en ello; y el' globo todo se enriquece y se puebla de naciones cultas a merced de estas injusticias MOMENTÁNEAS. Los únicos que pierden somos nosotros, los pueblos de la raza española, que cercados por todas partes por la industria europea y estrechados por los focos de riqueza y civilización que se levantan a nuestro lado, permaneceremos siempre anonadados, por nuestra propia inferioridad y nuestra impotencia. Supongamos un momento que una nación europea; la Inglaterra, que no ve una isla que no la llame su colonia; supongamos una Colonia extranjera en el Estrecho, con el poder de desenvolvimiento que tiene toda otra raza que no sea la nuestra, con los millares de emigrados que pueden reunirse en un día en derredor del pabellón inglés, con su marina, con sus industrias y su actividad, y con las ventajas inapreciables de posición tan escogida, ¿qué viene a ser el comercio de Chile, la prosperidad de Chile, la importancia de su posición? Un recuerdo, un humo vano. El centro del comercio estaría allí, y nuestros comerciantes, y los de Bolivia, Perú, Ecuador y México irían a proveerse en tropel al nuevo mercado abierto para sus tiendas de menudeo, y nuestros productos todos irían como arrastrados por la atracción de una corriente magnética a ponerse a disposición de los monopolizadores del comercio.” Tras muchas otras consideraciones de homenaje al colonialismo, Sarmiento agregaba: "No vemos por qué a la vuelta de algunos siglos no hayan nuestros nietos descendido a formar la masa ignorante e impotente de una población, sustituyéndose a los que hoy ocupan la cumbre de la sociedad, los elementos más hábiles, más activos y más industriosos que cada día se introducen.” Tras alegar que del extranjero les llegaban a los americanos americanos la riqueza y el progreso, preguntaba!
“¿El gobierno de Chile, con los poderosos elementos que le presta su posición, su tranquilidad interior, y la riqueza del país, no se ocupará un momento en probar a hacer un esfuerzo para asegurarse un porvenir colosal, y que puede conducirlo la anticipación de otra nación más calculadora, que le arrebate de las manos los elementos' de prosperidad que no ha sabido, o no ha querido utilizar?” Sarmiento terminaba diciendo: “Si no hemos logrado excitar el interés del público y de las autoridades, acháquese este defecto a nuestra inhabilidad y falta de luces. Nuestras, intenciones servirán de disculpa”.
Este artículo de Sarmiento, acota Font Escurra, “era un golpe de maza, muy suyo, asestado, con toda la potencia de su talento, contra la integridad territorial argentina”. Que lo fuera no debe sorprender. El triunfo de Rosas, sancionado por el Tratado Mackau-Arana; la derrota de Lavalle y la destrucción de la Coalición del Norte hacían escribir a Sarmiento en “El Progreso” del 11 de enero de 1843 las siguientes líneas:
“Los argentinos residentes en Chile proscripta de su patria pierden desde hoy la nacionalidad. Chile puede ser en adelante nuestra patria querida. .. siempre que con lealtad trabajen por el interés de Chile, por la libertad de Chile y por el progreso de Chile. QUE NÓ SUÉNE MÁS El NOMBRE DE LOS ARGENTINOS en la prensa chilena; que los que en nombre de aquella nacionalidad perdida ya habían levantado la voz, guarden silencio respetuoso; que se acerquen a los que por ligereza u otros motivos los habían provocado: y les pidan amigablemente un rincón en el hogar doméstico, de lo que en lo sucesivo no serán huéspedes, sino, miembros permanentes... Ahora no hay más patria que Chile. Para Chile debemos vivir solamente, y en esta nueva afección deber ahogarse todas las antiguas afecciones nacionales...”
No eran palabras improvisadas. El 11 de febrero de 1841, recordando su ida a Chile exclamaba: “Teníamos la Cordillera delante y detrás de ella estaba Chile, LA PATRIA QUERIDA.” Más tarde, el 9 de agosto de 1842, escribía como chileno en “El Mercurio”: “¿Qué males ha hecho nuestra desgraciada HERMANA la República Argentina:" Y perduró tanto en él esta posición, que en 5 de abril de 1884, estando en Chile, dijo: “Yo tengo el mérito de haberme identificado con Chile, fui chileno, señores, os consta a todos.”
El 21 de setiembre de 1843 el capitán de fragata graduado de la marina chilena Juan Guillermo (John Williams), acompañado por el teniente de artillería Manuel González Hidalgo, junto con Jorge Mebon, en carácter de piloto segundo, y  conduciendo como voluntario al naturalista prusiano B. Philippó y al sargento de artillería E. Pizarro, tomaron posesión del estrecho de Magallanes y su territorio, en nombre de la República de Chile, "a quien pertenece —dice el acta respectiva—, conforme está declarado en el artículo 1” de su Constitución política-..” En Puerto Hambre se estableció el fuerte que debía servir de base a la colonización; el que fue bautizado el 30 de octubre con el nombre de Puerto Bulnes. En 1849 fue trasladado, dando paso a la naciente ciudad de Punta Arenas. El gobierno de Buenos Aires empeñado en los conflictos de la intervención anglo-francesa, tardó varios años en tener noticia de la ocupación del estrecho por Chile

viernes, 10 de enero de 2020

Partes enviados por Mansilla en referencia a la Vuelta de Obligado

El combate de la Vuelta de Obligado -20 de noviembre de 1845- donde tropas del ejército y milicianos defendieron con gran valentía y denuedo dicho punto, no ha sido recordado y valorado en su justa medida, muy probablemente por el hecho de haberse producido bajo el gobierno de Rosas.  Una página de heroicidad se escribió en Obligado y por dicho motivo y en recuerdo de ella, publicamos los partes enviados por el Comandante de la Defensa, General Lucio Mansilla

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¡ Viva la Confederación Argentina !

¡ Mueran los salvajes unitarios !

Baterías, Noviembre 20 de 1845.

Año 36 de la Lib., 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina

Al General Primer Edecán de S. E. D. Juan Manuel Corvalán.

Sírvase V. S. Elevar al Superior conocimiento del Exmo. Señor Gobernador y Capitan General de la Provincia, Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, que hace tres horas nos estamos batiendo con los Anglo-Franceses, y que hasta ahora no se han podido acercar a la línea de atajo; pero que tengo el sentimiento que empeñado el combate de un modo violento, tendré que suspenderlo por falta de municiones.    Dios guarde a V. S. muchos años.

Lucio Mansilla





¡ Viva la Confederación Argentina!

¡ Mueran los salvajes unitarios!

Campamento, Noviembre 21 de 1845

Año 36 de la Lib., 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina

Al General Primer Edecán de S. E. D. Manuel Corvalán.

El infrascripto ha mandado ayer un obstinado combate durante ocho horas contra la Escuadra Inglesa y francesa que atacó vigorosamente las baterías de la Vuelta de Obligado.  La situación del infrascripto, a causa de una herida que ha recibido, no le permite estender el parte; y remito a V. S. el que ha ordenado al Coronel Jefe de las baterías, D. Francisco Crespo, que pase a V. S. para que se sirva elevarlo al supremo conocimiento del Exmo. Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia, Brigadier D. Juan Manuel de Rosas.  La Escuadra Francesa e Inglesa ha tomado y domina el punto de las baterías y está sitiada de parte de tierra en la circunferencia del alcance de sus cañones por fuerzas nuestras suficientes que no dejan a los invasores otro terreno que pisar que el que pueden defender con sus fuerzas de artillería.   Dios guarde a V. S. muchos años.

Lucio Mansilla





¡ Viva la Confederación Argentina!

¡ Mueran los salvajes unitarios !

Campamento, Noviembre 21 de 1845

Año 36 de la Lib., 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina

Al Sr. General primer Edecán de S. E., D. Manuel Corvalán.

El infrascripto ha recibido orden del Sr. Comandante en Jefe accidental del Departamento del Norte, General D. Lucio Mansilla, de dirigir a Ud. el parte del combate que han sostenido ayer las Baterías en la Vuelta de Obligado contra las Escuadras invasoras Inglesa y Francesa combinadas. No siendo posible al Sr. General pasar el parte, a causa de haber sido herido, dando a esta División un ejemplo de valor heroico, toca al infrascripto este honor.   El 18 del corriente fondeó la Escuadra combinada francesa e inglesa, a dos tiros de cañón de nuestras Baterías.  Dispuso el Sr. General que tres embarcaciones pequeñas explorasen hasta medio tiro de cañón de las Escuadras enemigas, su actitud y disposición. Estas les hicieron fuego y las persiguieron, y al punto se replegaron sobre las Baterías sin contestarlo.  El 19 se preparó el enemigo para atacar; y el 20 a las ocho de la mañana toda su Escuadra maniobró hábilmente sobre las baterías. A la vanguardia estaban en línea cuatro bergantines de guerra, uno inglés y tres franceses; al centro los vapores Fulton,  Gorgon y Firebrand; y en la retaguardia dos corbetas y dos bergantines.  A las nueve y media de la mañana, estando el Sr. General al frente de las fuerzas de las Baterías, se entonó el Himno Nacional de la Confederación Argentina, la banda de música tocó dianas, y se empezó el combate.   El enemigo atacó con intrépido arrojo, y con el poder de 113 cañones de los calibres de 24, 32, 48, 64 y 80, sosteniendo sin intermisión de un instante, un bien dirigido, vivísimo y abrasante fuego de toda la línea sobre el frente y flancos de nuestras baterías.   A este fuerte ataque, opusieron las Baterías un vigoroso fuego de 35 cañones de los calibres de a 4, 8, 10, 12,16, 18 y 24, y los soldados argentinos sus pechos heroicos sobre las esplanadas. Estos, y el primero, el Sr. General, se disputaban los peligros del combate y el honor de sostener la dignidad del pabellón argentino. Después de ocho horas de un encarnizado combate, valeroso de una y otra parte, el dominante fuego del enemigo apagó los nuestros, desmontó una parte de nuestros cañones, desmontó los merlones, y nuestros artilleros quemaron los últimos cartuchos, quedando concluídas así todas nuestras municiones.  Entonces se arrojó el enemigo a un desembarco, protegido por su poderosa artillería. El Sr. General al conducir valientemente en persona, en ese acto, la infantería para cargar a la bayoneta, fue derribado por un golpe de metralla sobre el estómago, que desgraciadamente lo dejó sin sentido y fuera de combate.  El infrascripto, que acabado de recibir una contusión, tomó el mando, y ordenó al Coronel Edecán de S. E. D. Ramón Rodríguez, que se opusiese a las fuerzas enemigas de desembarco. Asi lo enfrentó, arrastrando el fuertísimo fuego de la artillería enemiga y sus proyectiles. Cubierto el enemigo con este poder, estando apagados ya nuestros fuegos, desmontada parte de nuestra artillería, sin municiones, y puestos fuera de combate por muertos y heridos en su mayor parte nuestros improvisados artilleros, logró el enemigo penetrar en el punto de las baterías destruidas por sus fuegos. Se le resistió con todo, disputándole siempre el terreno, y salvando toda la artillería volante.  Las Escuadras inglesa y francesa, descargaron incesantemente sobre nuestras

frágiles esplanadas, una lluvia de bombas, granadas, balas y proyectiles, con la prontitud, buena dirección y destreza de sus expertos artilleros. Esta inmensa desproporción no sirvió sino para enardecer el valor de nuestros Jefes, Oficiales y soldados, y del Sr. General que dignamente las ha comandado con tanto denuedo; y que en un momento tan importante cayó gloriosamente herido. El Comandante del Bergantín Nacional de Guerra “Republicano”, D. Tomás Creig, después de haber consumido todas sus municiones, quemó el buque, y arrastrando intrépidamente los fuegos enemigos, se incorporó a las fuerzas de tierra.  El Coronel D. Ramón Rodríguez y todos los Comandantes de las Baterías, todos los Oficiales y soldados han llenado heroicamente su deber. Los enemigos han sufrido gran pérdida de vidas. Continuamente se les veía arrojar de a bordo de sus buques los cadáveres de los muertos que flotaban en las aguas del Paraná. Se calcula el número de los muertos y heridos del enemigo en más del doble que los nuestros. Tres de sus buques salieron fuera de combate y los demás han sufrido considerables averías y detrimento en su arboladura, velamen y cascos.  Los Jefes, Oficiales y tripulaciones del enemigo han correspondido en este fuerte combate al renombre y fama del valor de las marinas de Inglaterra y de Francia. Los enemigos han visto la defensa heroica que ha hecho esta División del Ejército Argentino de la independencia, soberanía y honor nacional.  Por nuestra parte han muerto peleando con heroica valentía el Teniente de Marina D. José Romero, los Subtenientes D. Marcos Rodríguez y Faustino Medrano, los

Alfereces Martínez y Sánchez y sesenta soldados de las Baterías, fuera de los que han muerto con igual denuedo dentro del Monte de Obligado donde se sostuvo el fuego hasta media noche. Su número, incluso los de las baterías, se calculan ciento cincuenta. Han recibido honrosas heridas, combatiendo valientemente, el Mayor D. Avelino Garmendia, Ayudante del Señor General, los Tenientes de Marina D. Javier Gómez y D. N. Correa, el Subteniente D. Víctor Fernando Elizalde, los Guardias Marinas D. Tomas Hallet y D. Fernando Pastor, el Teniente D. Juan Gainzal, el Alferez D. Francisco Estevez y noventa y tres individuos de tropa.  También han muerto con heroicidad varias virtuosas mujeres, que se mantuvieron en este sangriento combate, al lado de sus esposos, hijos o deudos, socorriendo a los heridos, y ayudando a los combatientes en la defensa del honor argentino. El infrascripto cumple con el deber de presentar por el órgano de V.S., y por orden de su valiente Jefe el Sr. General D. Lucio Mansilla, a la consideración del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia, Brigadier Dn. Juan Manuel de Rosas, la virtud y denodado valor de los Jefes, Oficiales y soldados que han combatido en esta jornada de honor y gloria, contra enemigos, aunque iguales en valor, muy superiores en medios de destrucción y personal de artillería. Dios guarde a V.S. muchos años.                                               Francisco Crespo

viernes, 3 de enero de 2020

José María Rosa

por Sandro Olaza Pallero
Historiador, abogado, diplomático y catedrático, nació en Buenos Aires el 20 de agosto de 1906 y falleció en esa misma ciudad el 2 de julio de 1991. Dedicó su vida y su talento para hacer triunfar la verdad histórica, maestro insigne de varias generaciones de argentinos, quienes aprendieron de él a sentir el orgullo de un pasado heroico que es la única sustentación posible de nuestro porvenir como nación.   Era nieto del Dr. José María Rosa, ministro de Hacienda del general Julio A. Roca en su segunda Presidencia. Se doctoró en derecho en la Universidad de Buenos Aires y después fue catedrático en el Litoral, La Plata y Buenos Aires.   Fue un decidido militante de la causa nacional y popular en todos los terrenos.
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Porque también desde la intelectualidad, nuestra Argentina –la cristiana, la hispana, la gaucha- fue acechada por dos corrientes supuestamente antagónicas, pero coincidentes en puntos fundamentales: el liberalismo y el marxismo con su particular visión de la historia. Rosa siguió los sabios consejos del Papa León XIII quien afirmó: “Es necesario que los hombres probos doctamente versados en esta clase de estudios apliquen sus aptitudes a escribir la historia con el propósito y la intención de mostrar lo cierto y lo justo”.   En su primera obra “Interpretación religiosa de la Historia” destaca que: “La interpretación materialista de la Historia buscó en la Economía el espíritu de la sociedad. La racial en la Etnografía. Pero ni una ni otra explicaron satisfactoriamente el proceso histórico. Es que la sociedad era antes que nada un vínculo religioso, y no debía encontrarse en la Etnografía ni en la Economía, sino en la Historia de las religiones la clave del lenguaje ignorado en que se escribió la Historia...La nación es siempre un culto religioso. Un culto supone la dirección del misticismo social hacia un objeto, una idea o un hombre” (pp. 11-115).     Años más tarde en el libro “Conversaciones con José María Rosa”, su autor Pablo J. Hernández le pregunta a Rosa qué persona lo indujo a tomar posición por Juan Manuel de Rosas. Y el maestro le responde: “Otro que influyó mucho en mi rosismo fue el gobernador Iriondo, que había sido en su juventud secretario de don Bernardo de Irigoyen. Iriondo, como todos los hombres de otra generación, tenía el arte de conversar del que antes le hablaba. Después de comer, los jóvenes íbamos a su casa a tomar café. Oír sus recuerdos en tiempos de las revoluciones liberales de Luciano Leiva y Patricio Cullen contra su padre, sus anécdotas de don Bernardo, sus tiempos de ministro de Figueroa Alcorta, era un embeleso. Sobre todo cuando hablaba de don Bernardo y contaba que, como aspiraba a ser presidente de la República, no podía defender a Rosas. Yo soy muy rosista, pero antes que nada soy hernandista. En la intimidad se ponía chaleco colorado y divisa punzó. No pudo ser presidente porque Mitre se opuso porque no había renegado de lo que debía renegarse, como otros rosistas. Pero don Bernardo, pese a sus ambiciones, era demasiado íntegro para renegar de Rosas”. 

Destacó en el “El Revisionismo responde” la mala fe de la oligarquía en condenar a Rosas: “La oligarquía no condenó a Rosas por tirano, lo condenó por la defensa de la soberanía, y porque representó auténticamente a las clases populares”.   José María Rosa fue presidente del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas en 1951, al cual se acercó en 1941 y colaborador de la revista de dicha institución y de las publicaciones “Santo y seña”, “Mayoría”, “Patria Libre” y “Línea”. Tras la victoria de la Revolución Libertadora en 1955 y el fracaso del movimiento de los generales Valle y Tanco, al año siguiente debió asilarse en Uruguay y en España. Fue en el destierro que investigó en archivos y bibliotecas extranjeros y halló los documentos reveladores de la trama de acontecimientos decisivos de nuestra historia que traidores y falsarios nos escamoteaban. Ningún historiador con honestidad intelectual puede hoy negar que ignora los trabajos de Rosa, ni repetir impávido las versiones que antes recitaban los textos escolares y aparecían consagrados en los grandes diarios y en las academias.
En la Memoria del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (Revista Nº 17, pp. 102-103) se hace una aclaración preliminar sobre la detención de Rosa y la persecución a esta entidad por parte de la llamada Revolución Libertadora: “Debe decirse que le fue prohibido al Instituto la realización de sus conferencias, que las pocas que pudieron llevarse a cabo fueron atentamente controladas por la policía y que en determinados momentos se tuvo la sensación, la certeza casi, de que la entidad podría ser intervenida o clausurada. Cabe mencionar aquí la prisión a todas luces injusta de que fue objeto el presidente, Dr. Rosa, y que –como se desprende de lo públicamente declarado con posterioridad por él, fue motivada exclusivamente por su posición personal en materia histórica…a partir de los últimos días del año 1955, las actividades del Instituto quedaran prácticamente reducidas a la sola atención del público y despacho de la correspondencia”.
En noviembre de 1972 formó parte de la comitiva que acompañó al general Juan Domingo Perón en su regreso a su patria. Tras la victoria electoral justicialista de 1973 fue nombrado embajador en Asunción del Paraguay y después en Atenas. Entre sus obras más destacadas se encuentran: “Interpretación religiosa de la Historia” (1936); “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica” (1943); “ La misión García de 1815 ante Lord Strangford” (1951); “El cóndor ciego” (1952); “Nos los Representantes del Pueblo” (1955); “La caída de Rosas” (1958); “Del municipio indiano a la provincia argentina” (1958); “La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas” (1954); “Rivadavia y el imperialismo financiero” (1964) y su célebre “Historia Argentina” (1964-1980) en 13 volúmenes.
En la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas escribió entre otros artículos: “Don Bernardo de Irigoyen” (Nº 15-16); “Los heterodoxos argentinos: Pequeña biografía de Salvador María Del Carril” (Nº 15-16, este artículo fue escrito por él con el seudónimo de Martín Pincén) y “Rosas y la República Independiente de Río Grande (1836-1845)” (Nº 17). Dictó varias conferencias en esta institución como: “Aniversario de la suma del poder público” y “Los jefes del partido popular: Soler 1815-1820, Dorrego 1820-1828 y Rosas 1829-1852” (1950) y “¿Por qué fue condenado Rosas?” (1954).
En el sepelio de Rosa dijo José María Castiñeira de Dios, por ese entonces subsecretario de Cultura de la Nación: “Pudo decir que él no defendía a Rosas. Porque Rosas se defiende solo…Vivió el reconocimiento en vida. No importa si los grupúsculos académicos desoyeron la seriedad profunda de sus papeles. Lo escuchó el pueblo, y el pueblo lo supo y lo sabe intérprete real de la realidad histórica de nuestra tierra”. Entre otras personalidades de la cultura que brindaron su homenaje al insigne maestro se destacaron: Marcelo Sánchez Sorondo, Francisco Hipólito Uzal, Fermín Chávez, Cristina Minutolo de Orsi, Jorge Oscar Sulé y Jorge Ocón.

Fuentes:
-JOSE MARIA ROSA, Interpretación religiosa de la Historia, Buenos Aires, 1936.
-JOSE MARIA ROSA, El Revisionismo responde, Buenos Aires, 1964.
-PABLO J. HERNANDEZ, Conversaciones con José M. Rosa, Buenos Aires, 1978.
-Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas Nº 15-16, Buenos Aires, 1951.
-Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas Nº 17, Buenos Aires, 1958